Vivir la paz, lo tranquilo.
Hallar la lentitud, lo silente.
Acercar el ojo a lo invisible,
a lo inefable la palabra,
descansar tu cuerpo en ti,
en tu profundidad, en tu adentro.
Encontrar el frescor propio
que da alivio a la inquietud,
de seda la mano que acaricie
tu frente enfebrecida.
Desear ya nada, descansar
en la longitud incontenida
de tu propia desmesura
que anuncia el alto horizonte.
O recogerte en la enjuta hendija
entre tu ser y el misterio;
tal vez para hallar en lo porvenir
la semilla del tiempo pasado.
El verbo no es justo; sólo
promete dar al sentimiento
aquello que recibió en sangre,
aunque te hayas abierto en canal
para dar a luz tu palabra.
Nicolás Calvo
Madrid
Noviembre 2017
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