Falsa defensa de perro:
gambito terrible,
arcano lenguaje
del milenario juego.
Por medio
del movimiento secreto
de sólo dos piezas
el Eterno Jugador,
que en nada yerra,
asfixia al contrario;
rival inane entre sus manos
que, aterrado, abate el rey
sin resistencia.
Nada resta. No hay revancha.
Como el can de su nombre
el vencido esconde la cabeza
entre los miembros
y expone la nuca.
Un golpe basta y el fin llega
Oculto entre los nombres
está el propio.
Cuando el Hacedor
te siente ante el tablero,
recuerda que el final
siempre está escrito
y sólo a tu alcance queda
hacer brillante la partida,
porque siquiera un Dios,
Hijo del Padre,
pudo escapar al Sacrificio.
Nicolás Calvo
Madrid
Octubre 2017
El parador (III)
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*El tiempo y las viejas* (1810) de Francisco de Goya
*Nota:* Este relato es la continuidad de El parador (I), El parador (II)
por lo que aconsejo leer...
Hace 2 semanas
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