Es preciso cartografiar
el terreno de las indiferencias
y el vacío, de la soledad.
Levantar el mapa que muestre
aquello de lo que carecemos.
Sentir sobre las hojas la muerte
lenta de las ilusiones, los ojos
recorriendo a saltos las caras
ajenas y apenas lavadas
del deseo de la existencia.
Como relucientes vehículos
estrenamos el día y prevemos.
Pero lo único que nos salvaría
no es lo calculable, lo medido.
Sólo lo irregular, lo afásico,
lo que no es simétrico, lo discontinuo.
Y al llegar la noche nuestra
Némesis es un espejo
al que disparamos con rabia
sin entender que nuestro reflejo
sólo quería, por ser, salvarnos.
Nicolás Calvo
Madrid
Octubre 2012
El parador (III)
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*El tiempo y las viejas* (1810) de Francisco de Goya
*Nota:* Este relato es la continuidad de El parador (I), El parador (II)
por lo que aconsejo leer...
Hace 2 semanas
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