Puede que no sea necesario,
mas delicioso, el cómplice
arquitrabe de las aves en el sueño
que se estructura, nivel a nivel,
entre la fina arena, criba de conchas,
y la esbelta columna de la nube.
El volcán al fondo, ahora extinto,
y las calcáreas laderas desplomadas
dan forma a la playa curvilínea,
circunstancia que cierra el hueco agreste
entre la otra playa, su golfo
y la atrayente punta de lava que se extiende.
Retumbante de mar y de mareas
una barra de rocas se estremece
con el ir y venir enronquecido.
Hay nada más allá del horizonte.
Tras la delgada traza de las olas,
tras el mar, el mundo acaba.
Nicolás Calvo
Madrid
Julio 2012
El parador (III)
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*El tiempo y las viejas* (1810) de Francisco de Goya
*Nota:* Este relato es la continuidad de El parador (I), El parador (II)
por lo que aconsejo leer...
Hace 2 semanas
Mi querido Nicolás: Hacia tiempo que no me pasaba por tu blog y hoy me has dado una sorpresa. Una grata sorpresa con este poema.
ResponderEliminarUn poema en donde se demuestra que tus orígenes han formado esa alma sensible que tienes.
Mi abrazo apretado para los dos.
blog-rosariovalcarcel.blogspot.com