Formo un hueco
con mis manos.
Deposito algunas palabras
en su interior,
que pesan como plomo.
Las dejo sobre la mesa
y comienzo a pronunciarlas.
De modo extraño se vuelven
ligeras, ingrávidas
y levantan el vuelo.
Depende adonde y a quién se dirijan.
Cuando vuelvan a posarse
igual pueden herir que acariciar.
Porque las palabras
dan forma al mundo
sin usar pico ni palas.
Sólo dando a las nubes nombre,
a los ojos, sombra y luz.
Insuflando vida
en los corazones de los hombres.
O destruyéndolos.
Nicolás Calvo
Madrid
Octubre 2011
El parador (III)
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*El tiempo y las viejas* (1810) de Francisco de Goya
*Nota:* Este relato es la continuidad de El parador (I), El parador (II)
por lo que aconsejo leer...
Hace 2 semanas
Que grande eres Nicolás .
ResponderEliminarMarta R.
¿Que puedo decir, Marta? Sólo amo las palabras, igual que los que me leeis. Gracias. Nicolás.
ResponderEliminarTus palabras acostumbran a ser mágicas. Estas lo son.
ResponderEliminarYo prefiero que las palabras insuflen vida en los corazones de los hombres y que las mismas sean ligeras...
ResponderEliminarAins.... que bonico!!!
Llámame si puedes.
ResponderEliminarNo tengo otra forma de localizarte.
Miguel Ángel Blázquez (Alumno tuyo en el 88 en el CDC)
696 731 378
Gracias!