Digo nada
porque nada
hay que decir.
Escucho
el silencio
en la cabeza,
la sangre en las venas,
el rumor de la noche
en los oídos.
Abro los huesos,
respiro ahí, al fondo.
Acaso oigo las uñas.
Cierro los ojos
sin la certeza de ser,
sin saber más allá
de la posible piel.
El sentir es sólo
una probabilidad
en la acuática
dilución
de los sentidos,
mas las horas se expanden
en la inmensa matriz
del tiempo que nos vive.
Ahora, pues,
no hablemos.
Nicolás Calvo
Madrid
Noviembre 2017
Indómita
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*Noche de luna* de Ilya Repin (1896)
Dicen que digo que dices que el mal es solo mío.
Hoy tu cruz preside la mesa
de la que hace años me levanté.
Jam...
Hace 1 día

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