Uno nunca sabe la huella
que sobre la arena deja
la mano que modela
la puerta de una torre,
hundida hasta los nudillos
en la blanca, húmeda,
profundidad grávida de sílice.
El agua va y viene,
la torre se escurre entre los dedos,
la mano permanece,
pero la herida tarda en cicatrizar.
El agua, terca, daña tanto
como el posible acero.
Nicolás Calvo
Madrid
Abril 2011
Y la palabra se hizo noche: poemas de "Hijas de un sol naciente" de Joan de
la Vega
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*Ed Cántico, 2026*
Sanar la mirada
de los residuos del arte.
Librar el aliento
de las transparencias del plástico.
Habitar la intemperie
ligeros, co...
Hace 4 días
