(Uno)
Mis dedos
tamborilean.
Tus ojos ausentes
sugieren paciencia, distraidos.
(Dos)
¡Que agradable
es el momento del despertar!
Como humo de sarmientos
la noche se diluye
al viento frío de la mañana.
(Tres)
Saludo a mi vecino
que lava sus manos
después del trabajo.
De la noche azul
se descuelgan, una a una, estrellas.
(Cuatro)
Hace mucho que te vi
y hablé contigo.
No es de extrañar
que ahora, tus hijos,
recojan barro
en el doblez
de sus pantalones.
Nicolás Calvo
Madrid
Junio 2013
Intuir la edad del cristal: cinco poemas de Elia Saneleuterio Temporal
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REIMS, 29 DE MAYO
Y no querer darme cuenta de que es inútil
escarbarse el propio corazón.
Podría adobar con formol uno ajeno, incluso humano.
Y guardarl...
Hace 3 semanas

:)
ResponderEliminarEstás lúcido y lucido, amigo Nicolás. Enhorabuena. Adelante.
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