Fui un día a visitar
al poeta triste.
No me gustó.
No sonreía nunca.
Para él no habían
nubes en el cielo
ni caricias en la tierra,
sólo barrancos a sus pies
y maldad entre los hombres.
Tenía familia,
dinero y honores.
Lo dejé pronto
y me marché
a tomar una cerveza
y a fumar un cigarro
entre los amigos.
Porque uno, a veces,
está triste y a veces
el mundo le regala el sol,
la belleza o la verdad
una mañana.
Cualquier mañana
de un día cualquiera.
Nicolás Calvo
Madrid
Octubre 2012
Hijos del Criófago
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*Painting* (1946). Francis Bacon
Siempre tuve la sensación de que vivir en mi familia era como
domesticar al demonio dándole de comer. Décadas atrá...
Hace 2 semanas

Buen poema,Nicolás.
ResponderEliminarEs grato el leerte.
Un saludo.
Me ha encantado la manera tan natural en que fluye este escrito.
ResponderEliminarSaludos