Uno nunca sabe la huella
que sobre la arena deja
la mano que modela
la puerta de una torre,
hundida hasta los nudillos
en la blanca, húmeda,
profundidad grávida de sílice.
El agua va y viene,
la torre se escurre entre los dedos,
la mano permanece,
pero la herida tarda en cicatrizar.
El agua, terca, daña tanto
como el posible acero.
Nicolás Calvo
Madrid
Abril 2011
Indómita
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*Noche de luna* de Ilya Repin (1896)
Dicen que digo que dices que el mal es solo mío.
Hoy tu cruz preside la mesa
de la que hace años me levanté.
Jam...
Hace 2 días

Si tuviera que destilar algo, tus letras hoy destilarían desconsuelo. No sé, me parece a mí, pero en cualquier caso, es precioso y me gusta una barbaridad. Feliz fin de semana. Besos
ResponderEliminarHermosos poemas.
ResponderEliminarUn saludo.
... la gota que perfora la roca... Inquietante...
ResponderEliminarSaludos.
Javier Valls