Uno nunca sabe la huella
que sobre la arena deja
la mano que modela
la puerta de una torre,
hundida hasta los nudillos
en la blanca, húmeda,
profundidad grávida de sílice.
El agua va y viene,
la torre se escurre entre los dedos,
la mano permanece,
pero la herida tarda en cicatrizar.
El agua, terca, daña tanto
como el posible acero.
Nicolás Calvo
Madrid
Abril 2011
Hijos del Criófago
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*Painting* (1946). Francis Bacon
Siempre tuve la sensación de que vivir en mi familia era como
domesticar al demonio dándole de comer. Décadas atrá...
Hace 2 semanas

Si tuviera que destilar algo, tus letras hoy destilarían desconsuelo. No sé, me parece a mí, pero en cualquier caso, es precioso y me gusta una barbaridad. Feliz fin de semana. Besos
ResponderEliminarHermosos poemas.
ResponderEliminarUn saludo.
... la gota que perfora la roca... Inquietante...
ResponderEliminarSaludos.
Javier Valls