Juego con barcos de papel.
En cada uno escribo un destino.
El barco llega, o no llega.
Que lo haga o que fracase
es independiente de la dirección
que tome el principio.
Dirigido por el albedrío, la brisa
o un suave empujón,
el barco que debe llegar, arriba a su destino.
El otro, los otros, no.
Unos permanecen largo tiempo
en el agua y olvidan a donde se dirigían.
Se hunden, húmedos y deslavados,
hasta el fondo del estanque.
Otros encallan entre lápices y gomas
y no llegan a tocar el agua.
Algunos van en grupos, otros solitarios.
¿Es esto predestinación?
No puedo afirmarlo. El único destino
al que ninguno llegó jamás
está escrito, con agudos cristales de rocío,
sobre mi propia frente.
Nicolás Calvo
Madrid
Julio 2010
Indómita
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*Noche de luna* de Ilya Repin (1896)
Dicen que digo que dices que el mal es solo mío.
Hoy tu cruz preside la mesa
de la que hace años me levanté.
Jam...
Hace 2 días

Muy hermoso...
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