Felices los viajeros
que dejan atrás la casa
de sus padres y se internan
solos en la mar del mundo.
Parten, petate al hombro,
con pocas cosas, un libro,
un deseo o una idea,
pan de viaje para el corazón.
Cielos nublados, playas de sal,
piedras, murallas, sonrisas,
amigos, lo terrible, el tacto, el dolor,
ojos, manos, pies, desgastarán.
Mas, felices los viajeros. Ellos
fundarán la nueva casa paterna
de la que otros partirán mañana,
solos, a la mar del mundo.
Nicolás Calvo
Cañaveral
Abril 2012
Intuir la edad del cristal: cinco poemas de Elia Saneleuterio Temporal
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REIMS, 29 DE MAYO
Y no querer darme cuenta de que es inútil
escarbarse el propio corazón.
Podría adobar con formol uno ajeno, incluso humano.
Y guardarl...
Hace 3 semanas

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