Una línea finísima
separa el cielo de la tierra.
Un horizonte intangible
mantiene nitidamente distintos
la bullente masa de agua
y el sutil número de moléculas del aire.
Un sol no menos fantástico
que la luna de agujereado queso
se alternan, subiendo y bajando,
al construir el Gran Guiñol
de la Naturaleza. Éste y los árboles
recortados sobre los que se apoyan
los recortados animales, conforman
el bello fondo sobre el que,
dos hermosos jóvenes desnudos,
intercambian palabras de amor.
Nicolás Calvo
Cañaveral
Agosto 2011
Intuir la edad del cristal: cinco poemas de Elia Saneleuterio Temporal
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REIMS, 29 DE MAYO
Y no querer darme cuenta de que es inútil
escarbarse el propio corazón.
Podría adobar con formol uno ajeno, incluso humano.
Y guardarl...
Hace 3 semanas

Mi querido Nicolás, hace meses desde la última vez que visité tus páginas, y he de decirte que me encanta este poema, sencillamente precioso ;-)
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